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29 ago 2026

El pacto que no convenció a los venezolanos

VENEZUELA · PETRÓLEO

El pacto que no convenció a los venezolanos

Donald Trump anunció «el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial» con Venezuela: control sobre 65.000 millones de barriles de reservas durante cien años. En Caracas, el Gobierno interino lo celebra como un renacimiento económico. En las redes sociales, miles de venezolanos hacen la pregunta que nadie les hizo antes de firmar.

La presidenta interina Delcy Rodríguez junto al secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, en una instalación de Chevron en la Faja Petrolífera del Orinoco
Delcy Rodríguez junto al secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, en una instalación de Chevron en la Faja del Orinoco, el corazón del acuerdo petrolero.  |  Foto: EFE / Palacio de Miraflores

Por Francisco Veracoechea / News LATAM

Periodista y analista de comunicación estratégica

El anuncio llegó primero por Truth Social, la red social del propio Donald Trump, un viernes de agosto en el que Washington necesitaba una buena noticia sobre el precio de la gasolina y Caracas necesitaba, sobre todo, dinero. «El mayor acuerdo petrolero de la historia mundial», escribió el presidente de Estados Unidos. Horas después, la vicepresidenta y actual presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó el pacto y lo calificó de histórico. Entre uno y otro anuncio no hubo, en ningún momento, un venezolano de a pie que opinara antes de que la tinta se secara.

Según el propio Trump, Estados Unidos obtiene el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas, distribuidas en 17 yacimientos, la mayoría en la Faja Petrolífera del Orinoco. El mandatario aseguró que el acuerdo «más que duplicará» las reservas de crudo de su país, no costará un centavo al contribuyente estadounidense y «reducirá sustancialmente» el precio de la gasolina, según reportaron CNN en Español e Infobae. El secretario de Estado, Marco Rubio, añadió que el pacto atraerá cerca de 100.000 millones de dólares en inversión privada y sostendrá miles de empleos, en lo que describió como parte de la «reconstrucción económica» de Venezuela.

El acuerdo que Washington llama histórico

El pacto no nace en el vacío. Llega ocho meses después de que una operación militar estadounidense capturara a Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026, y de que Washington comenzara a flexibilizar de forma progresiva las sanciones petroleras que pesaban sobre el país desde hacía años. Desde entonces, el Gobierno de Rodríguez reformó la ley de hidrocarburos para permitir la entrada de capital privado extranjero, un giro que medios venezolanos describieron como el desmontaje de la política energética heredada de Hugo Chávez, que en 2007 había nacionalizado los activos de varias petroleras internacionales en el país. Esa nacionalización dejó además una herencia de litigios: compañías como ExxonMobil y ConocoPhillips mantienen reclamos de compensación por miles de millones de dólares en tribunales internacionales, reclamos que, según analistas citados por el portal Curadas, tendrían prioridad de pago frente a cualquier plan de reconstrucción interna.

El 27 de agosto, un día antes del anuncio de Trump, Washington autorizó formalmente a BP, Chevron, Eni, Maurel & Prom, Repsol y Shell, junto con sus filiales, a operar en territorio venezolano. Chevron, que había mantenido una licencia limitada para producir crudo venezolano incluso durante los años de sanciones más duras, aparece como la petrolera mejor posicionada para liderar la nueva etapa. La producción del país, según cifras citadas por El Heraldo, alcanza hoy 1,23 millones de barriles diarios, la cifra más alta desde febrero de 2019, aunque sigue lejos de los más de tres millones de barriles diarios que Venezuela llegó a producir antes de la debacle de PDVSA en la década pasada.

Rodríguez, que negoció el acuerdo junto a su equipo con la contraparte estadounidense encabezada por Rubio, presentó el pacto como el inicio de una nueva etapa. Agradeció públicamente a Trump y a su secretario de Estado, y afirmó que la finalidad es devolverle a Venezuela su lugar como potencia energética. El propio Trump fue más allá en su publicación original y afirmó, en inglés, que Washington ahora está a cargo del sector petrolero venezolano («the U.S. is in charge»), una frase que analistas citados por distintos medios de la región interpretaron como una declaración de intenciones tanto o más relevante que las cifras del acuerdo.

«Venezuela anuncia un histórico acuerdo con el Gobierno de los Estados Unidos, que tendrá un impacto significativo en el renacimiento de nuestra nación.»

Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela · 28 de agosto de 2026

Cien años, una sola mesa

Los detalles técnicos del pacto son, todavía, incompletos. Según reconstruyó El Universal de México a partir de reportes de Axios, Bloomberg y Reuters, el mecanismo crea una nueva empresa privada en la que Estados Unidos recibiría el 55% de la producción efectiva de los yacimientos, una combinación de participación accionaria y derechos de compra a precio de costo cuya proporción exacta no se ha precisado. Los derechos sobre los 17 campos se extenderían por cien años. La Casa Blanca no ha publicado el texto formal del acuerdo, por lo que buena parte de su arquitectura, quién administra, cómo se reparte el ingreso y qué papel conserva la petrolera estatal PDVSA, permanece sin confirmar en fuentes oficiales.

No todos los análisis coinciden en la gravedad del gesto. El economista Juan Carlos Carvallo explicó a El Pitazo que un arrendamiento a cien años «no necesariamente» implica que Estados Unidos se convierta en propietario del petróleo venezolano, porque el Estado podría conservar la titularidad del recurso mientras empresas extranjeras operan los campos. Para Carvallo, el verdadero impacto dependerá menos de la cifra anunciada de reservas que de la capacidad real de producción comercial en los próximos años. El dirigente opositor Juan Pablo Guanipa, por su parte, sostuvo que solo unas elecciones libres podrían reactivar de forma legítima la industria petrolera del país. El economista Andrés Giussepe, secretario nacional del Movimiento de Profesionales de Venezuela, fue más duro: cuestionó que el compromiso se firmara con un único comprador y sin que la mayoría de los venezolanos lo supiera de antemano. «Eso no es diplomacia energética: es negociar con la soga al cuello y llamarlo alianza estratégica», escribió en una columna publicada en Aporrea.

Diego Arria, exembajador de Venezuela ante las Naciones Unidas y una de las voces más veteranas de la oposición venezolana, fue todavía más directo en un video publicado en sus redes horas después del anuncio. Para Arria, ni siquiera cabe hablar de un acuerdo entre dos partes.

«Aquí no hay un acuerdo, aquí simplemente hay una apropiación de lo que son los recursos petroleros de nuestro país.»

Diego Arria, exembajador de Venezuela ante la ONU · agosto de 2026

Hay, además, una ausencia que pesa más que cualquier cláusula del pacto: la de María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz y reconocida por buena parte de la comunidad internacional como la líder de la oposición venezolana tras la elección de julio de 2024, en la que su candidato, Edmundo González, obtuvo el 67% de los votos según los registros electorales preservados por la propia oposición. Machado no participó en la negociación del acuerdo petrolero, un vacío que la politóloga Nazly Escalona describió, en declaraciones recogidas por El Nacional, como la prueba de que tanto el Gobierno interino como Washington prefieren negociar sin ella en la mesa. Meses antes, en mayo de 2026, Machado había adelantado su propia postura sobre los contratos petroleros en una entrevista con la cadena Newsmax: no solo los respetaría, dijo, sino que buscaría mejorar sus condiciones bajo un gobierno democrático. Esa distancia, entre lo que ella propuso y lo que finalmente se firmó sin su participación, es uno de los ejes que más columnistas venezolanos han señalado esta semana. «A un pueblo no se le libera para después decidir por él, y eso es exactamente lo que acaba de ocurrir», escribió el analista Marc Tecnólogo en una columna de opinión publicada en el portal Curadas.

Lo que dice la calle, la digital

Sin espacio para consultas públicas dentro de Venezuela, buena parte del debate ciudadano ocurrió donde ocurre casi todo hoy: en las redes sociales. La periodista Gabriela Frías, de habla hispana en medios internacionales, preguntó en X la noche del anuncio: «¿Qué piensan los venezolanos de esta noticia?». La publicación superó las cuatro mil visualizaciones y decenas de respuestas en pocas horas, con posturas encontradas pero un denominador común: la sensación de no haber sido consultados.

«Oro por espejitos... la eterna historia de Venezuela», resumió la usuaria Anayansi Borges. Otros fueron más allá y cuestionaron la legitimidad del propio Gobierno que firmó el pacto. «Ah, y que viola la Constitución, por lo tanto es ilegítimo y puede ser impugnado por un gobierno democrático en Venezuela si es que algún día volvemos a tener democracia», escribió el usuario identificado como Jaiker. Otros comentarios apuntaron al cinismo de la clase política: «Los gobernantes mismos, corruptos de 30 años, se atornillan en el poder y los gringos se llevan el dinero», publicó José Raúl Núñez. El usuario Dorlano A. planteó el argumento histórico: recordó que otros países que han pasado por intervenciones de Estados Unidos «han caído peor de cómo estaban», y lamentó que a Venezuela «le quitarán sus recursos sin derecho a réplicas». Otro usuario, identificado como Louis Roots, fue más directo sobre el trasfondo político: consideró que el acuerdo resuelve el problema de seguridad jurídica de los inversionistas sin resolver el de la gobernabilidad del país, «así no importa si seguimos siendo una dictadura», escribió, «nos pueden explotar tranquilamente sin que nadie afecte sus intereses». No todas las reacciones fueron de rechazo absoluto: la usuaria LissBeth planteó una duda más técnica y menos política, sobre si Venezuela cuenta hoy con la infraestructura necesaria para sostener la extracción prometida en el acuerdo.

Lo que está en juego

El acuerdo también responde a una necesidad interna estadounidense. Llega en medio de precios elevados de la gasolina y de una caída sostenida en las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos, un contexto que explica en parte la premura de Washington por anunciar la cifra de 65.000 millones de barriles antes de tener el texto legal cerrado. Trump necesita una victoria energética que pueda mostrarle a su electorado en el surtidor de gasolina, y Venezuela, con la mayor reserva probada de crudo del planeta según la propia Organización de Países Exportadores de Petróleo, es el yacimiento más grande al que Washington puede acceder sin depender de aliados incómodos en Oriente Medio.

Para el Gobierno de Rodríguez, en cambio, el pacto llega tras años de una economía debilitada por sanciones y aislamiento, y se presenta como la vía más rápida hacia una reconstrucción que el propio Estado venezolano, según sus cálculos, recibiría en impuestos por más de 200.000 millones de dólares a lo largo de la concesión. Esa cifra, sin embargo, depende de variables que hoy nadie puede verificar de forma independiente: el precio del petróleo durante los próximos cien años, el ritmo real de inversión de las petroleras autorizadas y la estabilidad política de un país que, apenas ocho meses atrás, vivió la captura de su expresidente en una operación militar extranjera. El propio informe de El Universal advierte que ni la identidad completa del operador privado ni el reparto exacto entre participación accionaria y compra de crudo a precio de costo están confirmados en ningún documento público.

Ninguna de las dos lecturas, la del renacimiento energético o la de la nueva dependencia, se puede dar todavía por probada, porque el texto completo del acuerdo sigue sin conocerse. Lo que sí queda claro, a pocos días del anuncio, es que Estados Unidos y el Gobierno interino de Venezuela hablaron primero entre ellos, que la mujer que ganó el Nobel de la Paz y que, según los registros electorales de 2024, representa la voluntad mayoritaria del país no estuvo en esa mesa, y que a los venezolanos comunes les tocó, otra vez, enterarse por Truth Social y por X.


FUENTES: Infobae, «Donald Trump anunció "el mayor acuerdo petrolero de la historia" con Venezuela», 28 de agosto de 2026 · CNN en Español · Declaraciones de Donald Trump vía Truth Social · Declaraciones de Marco Rubio, secretario de Estado de EE. UU. · LaPatilla, declaraciones de Delcy Rodríguez, 28 de agosto de 2026 · TalCual · El Universal (México), estructura del acuerdo según Axios, Bloomberg y Reuters · El Heraldo (Colombia) · El Pitazo, análisis del economista Juan Carlos Carvallo · Aporrea, columna de Andrés Giussepe · Diego Arria, video publicado en Instagram, agosto de 2026 · El Nacional, declaraciones de la politóloga Nazly Escalona sobre la exclusión de María Corina Machado · Confirmado.com.ve, entrevista de María Corina Machado con Newsmax, mayo de 2026 · Curadas, columna de opinión de Marc Tecnólogo, «Venezuela es el tonto útil que Washington necesitaba» · Reacciones públicas en X: @gfrias y respuestas de usuarios, 28 de agosto de 2026 · Análisis de campo, News LATAM.

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© 2026 Francisco Eduardo Veracoechea Barquero · News LATAM · Reproducción parcial citando la fuente y el autor

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