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5 jun 2026

DESPUÉS DEL SILENCIO

Una reflexión sobre la familia, la incertidumbre, la reinvención profesional y el regreso a este espacio tras dos meses de ausencia.


Por Francisco Veracoechea | Periodista y editor de News Week Latam


Han pasado dos meses desde la última publicación en este espacio.

No fue una decisión editorial ni una pausa planificada. No hubo anuncio previo ni fecha tentativa de regreso. La vida, con su capacidad para alterar cualquier calendario y desbaratar cualquier agenda, terminó imponiendo sus propias prioridades. Y ante eso, como ante tantas otras cosas, solo queda adaptarse.

Durante este tiempo, mi esposa tuvo que ser sometida a dos intervenciones quirúrgicas. Como ocurre en muchas familias cuando la salud se convierte en una preocupación constante, la atención se concentró de manera inevitable en lo verdaderamente importante. Las consultas médicas, los traslados, la recuperación, la incertidumbre de no saber cuándo terminaría todo y los gastos inesperados que ese tipo de situaciones generan ocuparon el espacio que normalmente reservo para la lectura, la investigación y la escritura.

Por momentos los días transcurrían demasiado rápido. Las semanas se acumulaban sin que fuera posible regresar aquí. La pantalla en blanco esperaba, pero había urgencias más concretas, más inmediatas y más humanas que reclamaban presencia y atención.

Cuidar a quien se ama no requiere justificación. Pero sí merece ser nombrado, porque forma parte de lo que ha ocurrido durante este silencio y porque es, en el fondo, una de las razones por las que vale la pena seguir construyendo proyectos como este.

Sin embargo, el silencio no significó inmovilidad.

Para quienes llegan por primera vez: soy periodista, nacido en Costa Rica y criado en Venezuela —las dos son mis patrias—. El ejercicio del periodismo me llevó con el tiempo hacia el marketing estratégico, y fue el amor genuino por la tecnología lo que abrió las puertas hacia la ciberseguridad y las redes comunitarias. Me interesa la geopolítica, la política y los procesos que moldean nuestro tiempo. Eso es lo que se escribe aquí.

Mientras la familia atravesaba esas semanas difíciles, la preparación profesional continuó en la medida en que fue posible. Desde hace años asumo el aprendizaje como una obligación permanente, no como un mérito sino como una exigencia del oficio. El periodismo y la comunicación son disciplinas que cambian con una velocidad que no admite pausas prolongadas. La privacidad digital, la desinformación y la infraestructura de las comunicaciones modernas ya no pertenecen exclusivamente a los especialistas. Son parte del paisaje cotidiano y, por tanto, del territorio natural de cualquier periodista que quiera ser relevante en este siglo.

Pero hay algo que también merece ser dicho con honestidad.

Como muchos profesionales de esta región y de esta época, no he tenido un empleo fijo. No es una confesión fácil en una sociedad que tiende a medir el valor de las personas por la estabilidad de su contrato. Pero es la verdad, y ocultarla sería una contradicción en alguien que ha dedicado su vida a exigir transparencia a otros.

El freelance ha sido la constante. El emprendimiento, la válvula. En algunas épocas del año he recurrido a actividades comerciales paralelas como una forma práctica de mantenerme activo y generar ingresos mientras los proyectos profesionales maduran. He trabajado en varios frentes de manera simultánea, no por elección estratégica sino por necesidad real. La estabilidad laboral no ha llegado todavía. Y sin embargo, en ese camino irregular, Dios ha tenido la generosidad de premiarme con otras cosas: la familia, la salud recuperada, la claridad sobre lo que importa y la certeza de que el esfuerzo sostenido encuentra su lugar.

Eso tiene valor. Aunque cueste reconocerlo en el momento en que se vive.

A quienes han seguido este espacio durante este tiempo, una palabra de agradecimiento sincero por la paciencia.

Hoy se regresa con una mirada distinta. No necesariamente más optimista —el optimismo fácil nunca ha sido una herramienta útil para entender el mundo— pero sí más consciente. Consciente del valor de la perseverancia cuando las circunstancias no acompañan. Consciente de la importancia de la familia como ancla y como motivo. Y consciente, también, del significado que tiene seguir construyendo algo propio en un entorno que con frecuencia parece diseñado para desalentar precisamente eso.

El periodismo sigue siendo la vocación. La curiosidad, intacta. El interés por comprender la política, la geopolítica, la economía y los procesos sociales que moldean nuestro tiempo es exactamente el mismo que impulsó este oficio hace más de dos décadas. Ese interés no se negocia, no se archiva y no envejece con los ciclos de noticias.

Por eso se vuelve.

Se vuelve con nuevas ideas que han tomado forma durante estos meses. Con proyectos que empiezan a tener contornos más definidos. Y con la convicción renovada de que el periodismo independiente, riguroso y con perspectiva propia todavía tiene un lugar en este ecosistema de información saturada y acelerada.

Quedan muchas historias por contar. Muchos temas por analizar. Muchos debates por sostener con la seriedad que merecen y la claridad que los lectores tienen derecho a exigir.

El silencio termina aquí. Las historias continúan.


DESPUÉS DEL SILENCIO

Una reflexión sobre la familia, la incertidumbre, la reinvención profesional y el regreso a este espacio tras dos meses de ausencia. Por Fra...