San José — La reciente detención de Celso Gamboa ha reavivado viejos episodios de su trayectoria que en su momento pasaron desapercibidos, pero que hoy adquieren un nuevo matiz. Uno de ellos, quizás el más incómodo, es su polémica vinculación con la representación del régimen de Nicolás Maduro en Costa Rica, a través de la llamada "Casa Simón Bolívar".
En 2020, Gamboa fue designado como apoderado legal de esta propiedad ubicada en San Pedro de Montes de Oca, una zona de fuerte valor simbólico, ya que por décadas ha sido la residencia oficial de los embajadores de Venezuela en Costa Rica. El inmueble, abandonado oficialmente tras la ruptura diplomática con Maduro, fue ocupado por actores políticos afines al chavismo, quienes la rebautizaron como "Casa Simón Bolívar" y la convirtieron en un bastión de propaganda bolivariana en territorio costarricense.
La figura de Gamboa apareció justo en ese momento. Su rol como apoderado legal no pasó desapercibido. Aunque algunos lo interpretaron como un simple movimiento jurídico, en los pasillos del poder judicial y diplomático se murmuraba otra cosa: ¿por qué un exmagistrado del más alto nivel asumiría una causa tan cargada de implicaciones políticas? ¿Qué había detrás?
Su defensa fue, como de costumbre, escueta: un encargo legal sin mayor trascendencia. Pero el contexto hablaba por sí solo. Gamboa representaba legalmente al gobierno de Nicolás Maduro en un país que ya no lo reconocía, defendía la posesión del inmueble y actuaba como portavoz extraoficial del chavismo en Costa Rica. ¿Solo un abogado cumpliendo su trabajo o un operador en la sombra?
Hoy, con su nombre vinculado a redes de narcotráfico y una posible extradición en curso, ese episodio cobra un nuevo nivel de inquietud. ¿Fue su relación con la Casa Simón Bolívar una simple coincidencia profesional o el primer hilo visible de una trama mucho más profunda? ¿Actuaba solo… o respondía a otros intereses? En el rompecabezas que rodea a Gamboa, nada parece haber sido casual.
Lo cierto es que, mientras la justicia trata de desenredar el presente, su pasado sigue lanzando señales. Y en Costa Rica, donde las apariencias se cuidan y los pactos se sellan en privado, ese capítulo con la Venezuela de Maduro podría ser más que un pie de página olvidado: podría ser la clave que muchos prefirieron ignorar.
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