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19 jun 2025

La apuesta de Netanyahu: ¿hasta dónde llegará Israel en su guerra con Irán?

 Por: Francisco Veracoechea



Be’er Sheva, Israel – La madrugada comenzó con estruendos. Un misil impactó cerca del Centro Médico Soroka, el mayor hospital del sur de Israel, ubicado en Be’er Sheva, la capital no oficial del desierto del Néguev. Las sirenas apenas dejaron margen de reacción. El saldo: decenas de muertos, entre ellos personal sanitario, pacientes y niños. Fue uno de los ataques más letales en suelo israelí desde el inicio del conflicto directo con Irán.

El gobierno israelí ha confirmado que el sistema de defensa antimisiles Domo de Hierro interceptó varios proyectiles, pero no todos. El impacto sobre Be’er Sheva marca un punto de inflexión en una guerra que, hasta hace poco, se libraba en las sombras, por medio de sabotajes, ciberataques y operaciones encubiertas. Hoy, esa guerra es frontal, cruda y sin filtros.

La guerra que Netanyahu quiso – o la que no pudo evitar

Benjamin Netanyahu ha construido buena parte de su carrera política sobre la premisa de que Irán es una amenaza existencial para Israel. Desde sus primeros mandatos hasta su actual gobierno de coalición, ha advertido una y otra vez que el régimen iraní no solo financia grupos como Hezbolá y Hamás, sino que avanza en su programa nuclear con fines bélicos.

Pero lo que parecía un conflicto indirecto ha escalado en los últimos meses a un enfrentamiento abierto. Tras los ataques del 7 de octubre por parte de Hamás, Israel respondió con una ofensiva devastadora sobre Gaza, pero también intensificó sus operaciones en Siria y Líbano. Irán, por su parte, ha dejado de ocultar su implicación, respondiendo con misiles lanzados directamente desde su territorio.

La pregunta que muchos se hacen es si Netanyahu está preparado para la guerra que él mismo ha contribuido a provocar. ¿Hasta qué punto puede resistir la sociedad israelí una lluvia constante de misiles, el colapso parcial de su escudo antiaéreo y la pérdida de vidas civiles?

Un tablero en llamas

Este conflicto no se libra solo entre Israel e Irán. Hay otros actores que, en silencio o a gritos, mueven sus fichas: Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia, y un Líbano cada vez más al borde del abismo. La región entera podría encenderse si esta guerra continúa escalando. Y el riesgo de un enfrentamiento regional total, incluso con armas de destrucción masiva en juego, ya no suena descabellado.

En las últimas horas, el gobierno estadounidense ha reiterado su apoyo a Israel, pero ha pedido “moderación y contención”. Fuentes diplomáticas aseguran que Washington teme que Netanyahu utilice la guerra como un salvavidas político, en medio de un creciente descontento interno, escándalos de corrupción sin resolver y una sociedad fracturada.

¿Y si mañana es peor?

El ataque sobre Be’er Sheva, una ciudad que hasta ahora había sido considerada relativamente segura, ha cambiado el tono de la discusión pública en Israel. Lo que antes era “guerra allá” ahora se vive “aquí y ahora”. Las redes sociales israelíes estallan en preguntas sin respuesta: ¿cómo es posible que el Domo de Hierro haya fallado? ¿Dónde está el liderazgo político? ¿Cuál es el límite de esta guerra?

Netanyahu, por su parte, ha reafirmado que Israel “no se rendirá” y que “la lucha contra Irán es justa y necesaria para garantizar el futuro del Estado judío”. Pero esa retórica choca contra la realidad: miles de familias desplazadas, centros urbanos semiparalizados y un ejército que, aunque poderoso, comienza a mostrar signos de agotamiento.

La incertidumbre como norma

Nadie sabe qué pasará mañana. La historia ha demostrado que las guerras no siempre las gana el más fuerte, sino el más resistente. Y aunque Israel tiene recursos militares y aliados estratégicos, Irán tiene algo que Netanyahu parece haber subestimado: paciencia histórica, influencia regional y una red de milicias dispuestas a morir por su causa.

Lo único cierto es que el reloj avanza, las sirenas suenan, y la apuesta de Netanyahu ya no es un cálculo político: es una ruleta rusa con consecuencias globales.

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