Translate

Mostrando las entradas con la etiqueta Cuba. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cuba. Mostrar todas las entradas

9 feb 2026

Cuba al límite: cuando la energía deja de ser política


Por Francisco Veracoechea
 
Durante casi dos décadas, la estabilidad energética de Cuba no dependió de su capacidad productiva, ni de reformas internas, ni de una inserción competitiva en los mercados internacionales. Dependió, esencialmente, de un acuerdo geopolítico: el suministro preferencial de petróleo venezolano. Ese flujo, sostenido a partir de mediados de la década de 2000, permitió a la isla mantener a flote su sistema eléctrico, su transporte y buena parte de su actividad económica, aun cuando sus propias infraestructuras mostraban un deterioro creciente.

En su punto más alto, entre 2010 y 2014, Venezuela llegó a enviar a Cuba entre 90 000 y 115 000 barriles diarios de crudo y derivados, según estimaciones coincidentes de agencias energéticas y reportes de comercio internacional. No se trataba de una relación comercial convencional. Parte de ese petróleo se pagaba con servicios profesionales, otra parte mediante esquemas de crédito blando y, en la práctica, bajo condiciones muy alejadas de los precios, riesgos y exigencias del mercado global.

Ese petróleo no solo alimentó termoeléctricas y vehículos. Funcionó como un amortiguador político y económico. Permitió posponer decisiones estructurales, administrar la escasez sin enfrentarla plenamente y sostener un modelo energético ineficiente, altamente dependiente del exterior. Mientras el crudo venezolano llegaba, la fragilidad del sistema quedaba disimulada.

Pero ese esquema comenzó a resquebrajarse. A partir de 2014, la producción petrolera venezolana entró en una caída acelerada, golpeada por la falta de inversión, problemas operativos, mala gestión y, posteriormente, sanciones internacionales. Los envíos a Cuba se redujeron de forma progresiva. Para 2016–2017, los volúmenes ya eran menos de la mitad de los registrados en los años pico. Aun así, el suministro no se interrumpió por completo. Persistió, cada vez más irregular, sostenido más por afinidad política que por capacidad real.

En los años siguientes, el petróleo venezolano pasó de abundante a crónicamente insuficiente. Para 2025, los envíos se movían, según datos de seguimiento marítimo y estimaciones de Reuters y Kpler, en un rango aproximado de 26 000 a 35 000 barriles diarios, con fuertes oscilaciones mensuales. En algunos periodos, México llegó incluso a convertirse en el principal proveedor puntual de crudo para la isla. El subsidio ya no existía; solo quedaban restos de una relación en retirada.

El verdadero punto de quiebre, sin embargo, no fue técnico. Fue geopolítico.

El endurecimiento del contexto internacional y, de manera decisiva, el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos marcaron el final de cualquier margen de tolerancia. En esta nueva etapa, Washington dejó claro que no permitiría esquemas energéticos paralelos, triangulaciones financieras opacas ni subsidios encubiertos que mantuvieran con vida a economías aliadas fuera de las reglas del mercado.

La llamada nueva era Trump no introdujo matices. Cerró espacios. Aumentó la presión sobre navieras, aseguradoras, intermediarios financieros y proveedores de servicios. Elevó el costo del riesgo hasta hacerlo prácticamente inasumible. En ese escenario, el petróleo venezolano dejó de ser solo escaso: se volvió comercialmente inviable.

Para Cuba, esto significó algo más profundo que la pérdida de un proveedor. Implicó el colapso de un modelo energético basado en la excepción política. Por primera vez en décadas, la isla se vio obligada a enfrentar una realidad incómoda: la energía ya no llega por lealtad ideológica, sino por capacidad de pago. Y Cuba carece de esa capacidad.

Con una economía debilitada, escasez crónica de divisas y acceso limitado al crédito internacional, comprar combustible en el mercado global implica condiciones estrictas: pagos anticipados, seguros elevados y trazabilidad financiera completa. Todo lo contrario al esquema que sostuvo al país durante años. El sistema que permitía operar en los márgenes dejó de existir.

El impacto se ha acelerado con crudeza en las últimas semanas. En febrero de 2026, amplias zonas del país enfrentan apagones de entre 15 y 20 horas diarias, con un déficit eléctrico que ha rozado los 2 000 megavatios en picos de demanda, según cifras oficiales. El racionamiento se ha extendido: semanas laborales reducidas, teletrabajo masivo y priorización estricta de hospitales y cadenas de alimentos. El propio gobierno ha reconocido públicamente que el sistema opera al borde del colapso, mientras organismos internacionales han comenzado a alertar sobre un riesgo humanitario creciente.

La advertencia emitida a aerolíneas internacionales sobre la imposibilidad de garantizar combustible en aeropuertos cubanos no es una falla administrativa ni una mala planificación coyuntural. Es la manifestación visible de una derrota geopolítica: la pérdida del respaldo energético externo que sostenía la conectividad del país.

En términos prácticos, la falta de combustible de aviación obliga a las aerolíneas a cargar reservas adicionales, realizar escalas técnicas fuera de la isla o cancelar rutas. Cada una de esas opciones encarece la operación y reduce el atractivo del destino. El impacto es inmediato sobre el turismo, uno de los pocos sectores capaces de generar divisas.

El problema es circular y profundamente perverso. Cuba necesita turistas para obtener ingresos con los que pueda importar energía. Pero necesita energía para garantizar vuelos, hoteles, transporte y servicios básicos que permitan recibir a esos turistas. La escasez de combustible rompe ese equilibrio y empuja al país a una espiral descendente.

En el plano social, las consecuencias son cada vez más visibles: colas interminables para conseguir gasolina, uso de leña y carbón para cocinar, parálisis intermitente del transporte público y protestas contenidas, aún dispersas, pero latentes. La energía, que en otros contextos es invisible hasta que falta, en Cuba se ha convertido en una presencia constante precisamente por su ausencia.

Desde una perspectiva histórica, el momento actual recuerda —aunque sin nombrarlo— al colapso energético que siguió a la desaparición de la Unión Soviética. Entonces, como ahora, Cuba perdió de golpe a su principal patrocinador externo. La diferencia es que hoy el contexto internacional es menos indulgente y las alternativas son más costosas.

Ni Moscú ni Caracas están en condiciones de sustituir el papel que desempeñaron en el pasado. Rusia enfrenta sus propias prioridades estratégicas. Venezuela carece de capacidad productiva suficiente. Y Estados Unidos ha dejado claro que no habrá excepciones que permitan reconstruir un sistema de subsidios energéticos indirectos.

La crisis energética cubana, por tanto, no es el inicio de un problema, sino su desenlace provisional. Marca el momento en que la geopolítica deja de amortiguar las debilidades internas y obliga al país a enfrentar sus límites reales. La energía se ha convertido en una frontera invisible, pero decisiva, que delimita lo que Cuba puede y no puede hacer.

Mientras no aparezca una fuente de suministro estable, financiable y sostenida —ya sea mediante reformas internas profundas o un cambio significativo en el entorno internacional— esa frontera seguirá estrechándose. Y con ella, las posibilidades de maniobra económica, social y política de la isla.



📊 Línea de tiempo: envíos de petróleo venezolano a Cuba (con fuentes)

2000–2012 — Fundación y consolidación

  • En 2000, Cuba y Venezuela firmaron un acuerdo de cooperación energética estableciendo envíos regulares de petróleo venezolano a la isla.

  • En el mejor momento entre 2010 y 2014, Cuba recibió hasta alrededor de 90 000-115 000 bpd de crudo y derivados de Venezuela, según estimaciones históricas de comercio petrolero y análisis energético internacional. (Estimación basada en tendencias históricas de envíos preferenciales y datos de exportación acumulados)


2013–2017 — Declinación inicial

  • Tras la caída de la producción petrolera venezolana, los envíos comenzaron a disminuir.

  • En 2016-2017, los volúmenes promediaron mucho menos que en años anteriores, con estimaciones de 20 000-40 000 bpd en promedio y tramos con niveles incluso menores en meses específicos. (Basado en patrones de reducción de exportaciones y análisis energético de la región, que reflejan una caída sostenida tras 2014)


2023 — Nivel reducido pero significativo

  • En 2023, las exportaciones venezolanas hacia Cuba promediaron aproximadamente 51 500-56 000 bpd, incluyendo crudo y productos refinados, según datos de seguimiento energético y comercial.


2024 — Caída marcada y picos puntuales

  • Promedio anual 2024: Las importaciones desde Venezuela cayeron casi a la mitad respecto a 2023, hasta alrededor de 32 000-35 000 bpd.

  • Marzo 2024: Se reportaron envíos de aproximadamente 34 000 bpd a Cuba en medio de la crisis energética.

  • Mayo 2024: Se registró un repunte temporal hasta cerca de 70 000 bpd en algunos meses, como resultado de envíos extraordinarios antes de cambios en licencias internacionales.


2025 — Volatilidad y descenso general

  • Enero–octubre 2025: Cuba importó en total alrededor de 45 400 bpd de combustibles (incluyendo crudo y otros derivados) desde aliados como Venezuela y México, reflejando una caída de más de un tercio respecto al mismo período de 2024.

  • Venezuela por sí sola en 2025: los envíos desde Caracas promediaron aproximadamente 27 400 bpd, una reducción significativa frente a años previos.

  • Febrero 2025: Datos de Reuters muestran que Venezuela elevó envíos a ~42 000 bpd en ese mes específico, un repunte temporal.

  • Julio 2025: Envíos venezolanos rondaron 31 000 bpd, aún insuficientes para las necesidades de la isla.

  • Septiembre 2025: Venezuela envió ~52 000 bpd, el mayor volumen del año para ese período.

  • Octubre 2025: Los envíos bajaron a alrededor de 11 000 bpd, uno de los niveles más bajos en 2025.

(Estas variaciones muestran mucha volatilidad mes a mes, con altibajos, pero consistentemente por debajo de los picos históricos.)


Finales de 2025 – 2026 — Reducción crítica

  • Hacia finales de 2025, los envíos venezolanos estaban muy reducidos, y en enero de 2026 se reportaron periodos sin envíos confirmados de crudo venezolano a Cuba.

  • Las presiones internacionales, bloqueos y sanciones han limitado los flujos de petróleo, dejando a Cuba con reservas mínimas y sin suministros regulares desde Venezuela.


Fuentes principales:

  • Reuters (shipping data y PDVSA docs, 2024-2026): reuters.com/business/energy
  • Kpler (analytics, 2025-2026): kpler.com/blog
  • TankerTrackers.com (tracking tankers)
  • Jorge Piñón, University of Texas (histórico y barter): Entrevistas NPR/NEPM ene 2026
  • Financial Times (ene 2026): ft.com/content/f15ac8c6-c76b-40a1-bb41-95abbed7d8aa

Malema: entre la provocación política, la justicia y las heridas abiertas de Sudáfrica

  Julius Malema canta “Kill the Boer” junto a simpatizantes del Economic Freedom Fighters , en una escena que mezcla apoyo político y fuert...