Trump eleva el costo de la visa B1/B2 a $435 y reconfigura el acceso al país
Una medida reciente de la administración de Donald Trump vuelve a poner a Estados Unidos en el centro del debate migratorio y económico internacional. Esta vez no se trata de un muro, una redada o una reforma legislativa, sino de un simple —pero contundente— ajuste de tarifas. El costo de la visa de turista y negocios (B1/B2), una de las más solicitadas del mundo, pasará de $185 a $435 dólares, incluyendo un nuevo recargo de $250 que muchos consideran injustificado, excesivo y excluyente.
Aunque desde Washington se justifica la medida como una necesidad presupuestaria para cubrir los costos operativos del sistema migratorio y consular, la lectura que se hace en América Latina es otra. ¿Se trata de una reorganización administrativa… o de una estrategia velada para reducir la llegada de extranjeros no deseados?
El precio de visitar: una barrera económica disfrazada de trámite
Desde hace décadas, la visa B1/B2 ha sido la llave de entrada para millones de personas que desean visitar EE. UU. por turismo, compras, tratamientos médicos, reuniones familiares o incluso para asistir a eventos académicos, religiosos o deportivos. El proceso ya era complejo: entrevistas presenciales, comprobantes financieros, arraigo laboral y familiar, y la incertidumbre de una respuesta que, aun tras pagar, puede ser negativa.
Ahora, con el nuevo precio, el acceso se vuelve aún más restringido. No por falta de voluntad, sino por falta de recursos.
“Este tipo de aumentos no son solo administrativos, son políticos”, afirma Elena Rodríguez, abogada migratoria con más de 15 años de experiencia en Miami.“El nuevo recargo busca filtrar las solicitudes, reducir el volumen y establecer una barrera económica que afecta directamente a las personas de menores recursos, principalmente de América Latina. Y eso tiene consecuencias humanas y económicas profundas.”
Para muchos solicitantes, especialmente en países donde el salario mínimo no supera los $300 mensuales, pagar $435 por una visa que no garantiza la entrada —ni el reembolso en caso de negativa— es prácticamente un imposible.
Latinoamérica en el centro del impacto: cercanos pero excluidos
Latinoamérica no es un actor secundario en esta historia. Al contrario: es una de las regiones que más aporta turistas a Estados Unidos. Según datos del Departamento de Comercio estadounidense, en 2023 más de 6 millones de latinoamericanos ingresaron con visa B1/B2, principalmente desde México, Colombia, Brasil, Argentina y República Dominicana.
La relación ha sido histórica, dinámica y mutuamente beneficiosa. Familias que visitan a sus parientes, consumidores que viajan a hacer compras en Miami, Houston o Nueva York, estudiantes que asisten a congresos, fieles que participan en eventos religiosos o incluso pacientes que viajan a hospitales especializados.
Pero con este nuevo precio, esa conexión corre el riesgo de debilitarse.
“Parece que Estados Unidos no está diciendo ‘no entren’, pero sí ‘entren solo los que puedan permitírselo’”, comenta Rodríguez.“Y eso, al final, es un mensaje político tan fuerte como cualquier discurso desde el estrado de campaña.”
El turismo también es diplomacia
Más allá del turismo como industria, el turismo también es una forma de diplomacia blanda. Es el puente que permite conocer culturas, estrechar lazos, generar comprensión mutua. En tiempos donde la desconfianza global va en aumento, restringir el acceso no solo afecta la economía, sino también la imagen de país.
La nueva medida podría provocar una caída en las solicitudes de visa, y por ende, en la cantidad de visitantes. Esto impactaría directamente a sectores económicos claves, como la hotelería, los restaurantes, las aerolíneas y los comercios minoristas, que dependen del flujo constante de turistas internacionales.
En ciudades como Miami, Los Ángeles, Houston o Nueva York, este cambio puede sentirse de forma tangible. De hecho, el gasto promedio de un turista latinoamericano supera los $1.500 dólares por viaje, según la Oficina Nacional de Viajes y Turismo. Limitar ese flujo sería, en el fondo, pegarse un tiro en el pie.
Una comparativa que deja mal parado a EE. UU.
Para dimensionar el alcance del aumento, vale la pena comparar los costos de visa en otros países desarrollados:
| País | Tipo de Visa | Costo aproximado |
|---|---|---|
| EE. UU. | B1/B2 | $435 |
| Reino Unido | Visa de visitante | $145 USD |
| Unión Europea (ETIAS) | Autorización electrónica (desde 2026) | $8 USD |
| Canadá (eTA) | Autorización electrónica | $5 USD |
| Australia (eVisitor) | Autorización digital | Gratis o muy bajo costo |
¿Una frontera silenciosa?
Esta medida no requiere muros ni redadas. Es una forma más sutil, más técnica, pero igual de efectiva, de restringir el acceso. Subir el precio de la visa implica seleccionar quién puede —y quién no puede— entrar. Y eso, inevitablemente, marca un cambio en la narrativa de lo que significa visitar Estados Unidos hoy.
Ya no se trata solo de cumplir los requisitos. Ahora se trata de poder pagarlo.
Reflexión final: ¿turismo para todos o para pocos?
La decisión de aumentar el costo de la visa B1/B2 no ocurre en el vacío. Es parte de una tendencia más amplia, impulsada por discursos nacionalistas, preocupaciones económicas internas y el uso estratégico del tema migratorio como herramienta electoral.
Pero esta medida deja una pregunta incómoda que no puede ignorarse:
¿Estados Unidos ya no quiere turistas, o simplemente busca un turismo más selectivo?

Acertada opinión 👍👍 Consecuencias para ambas partes. Nadie gana con esa política inmigratoria de exclusión.
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